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Compartida a la comunidad |
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Por Marina del Corazón de Jesús
Querida comunidad:
Hace mucho que no les comparto. Primero quiero contarles, que el otro día a la salida de misa, estuve con el obispo, que acababa de venir de Bs. As, y que había tenido un encuentro en el Centro, con todos los misioneros que misionan en la Diócesis de Añatuya, me dijo que estaba muy contento con el encuentro, que le impresionó el clima, la acogida, y la buena disposición do todos. Que la misa en la capilla le había gustado muchísimo, y cómo demostraban la alegría.
Por otro lado quiero contarles, que a fin de año, me vuelvo a Bs As. Mi tiempo aquí en Añatuya está llegando a su fin. Siento que es un ciclo ya cumplido. Es una decisión que la recé mucho, y también la he terminado de discernir en el retiro que hice en mayo con Inés. La verdad que estoy con mucha paz, y creo que eso es muy importante, ya que también es un signo de Dios.
Van siendo 8 años, 5 con Guille y 3 sola, que no es poca cosa. Estos tres años sola, fueron de mucho crecimiento, y mucha madurez, pero también de mucha soledad. Cuando me vine, pensé que mi lugar para vivir mi consagración para toda la vida, era éste, pero a lo largo de estos tres años, el Señor me fue mostrando otra cosa. Creo que el Señor me trajo, para que yo misma hiciera la experiencia, y que yo misma me diera cuenta si Añatuya era para toda la vida o no. No me arrepiento para nada, de la experiencia que he vivido y estoy viviendo en estos años aquí, porque si no me hubiera largado a la pileta, no hubiera sabido si este era mi lugar o no. Creo que fue el tiempo que yo necesitaba, para darme cuenta y ese tiempo llegó. Han sido también tres años muy fecundos, pero como les decía antes, de mucha soledad, y eso me está costando un montón. Por eso he decidido volver, y también, (si bien estoy bien) por mi salud.
No sé cuál será la voluntad de Dios y qué me seguirá pidiendo, cuando vuelva a Bs. As.; lo pongo en sus manos, para que ¡SEA!!!!!! lo que él disponga.
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Nuestra presencia en Añatuya |
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Desde el 7 de Octubre de 1998 y hasta la actualidad (con un paréntesis en el año 2005), el CESM está presente en la Diócesis de Añatuya.
La comunidad -que fue un proyecto abierto a quien quisiera formar parte por algún tiempo- cambió varias veces de rostro, fuimos aprendiendo a ser a través de alegrías y sufrimientos, encuentros y desencuentros, no fue un camino fácil pero sí fecundo, que nos ha hecho conocer y experimentar más intensamente el inmenso amor de Dios.
Directora: Marina Oromí
Equipo: Mariana Cisneros, Pablo Cisneros, Marcia Hernández, Maria Cisneros, Paola Cisneros, Paola Falappa.
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Marina Oromí junto a su comunidad
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Equipo de jóvenes catequistas
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Desde Añatuya |
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En marzo de 2006, regresa a Añatuya para hacerse cargo como directora de la filial, Marina Oromí, quien en ese entonces compartía la experiencia de este desafío:
Querida Comunidad, después de tres meses de haber llegado a Añatuya nuevamente, y esta vez sola (y como directora de esta filial), les quiero compartir esta nueva etapa.
Quisiera primero hacer un antes y un después. La verdad que cuando nos volvimos con Guille de Jesús a fines del 2004 y después de haber compartido 5 años en comunidad, donde no fue un camino fácil, pero sí fecundo para las dos y de mucho crecimiento, me costó mucho volverme y dejar Añatuya. Yo sentía que era mi lugar, pero... bueno, en ese momento no estaba preparada.
El año pasado fue mucho tiempo de duelo, de no entender qué era lo que Dios quería. Aceptar esa realidad de haberme quedado sin Comunidad, sin Añatuya fue muy fuerte. Pero pude atravesarlo gracias a la ayuda de toda la comunidad, especialmente de Marcela Allende, quién me acompañó y me acompaña; Inés, que me recibía cada vez que la necesitaba, Ale, que siempre estaba y me daba un espacio, Loli, que junto con toda la comunidad de catequistas me contuvo cada martes, mi grupo del CAE cada viernes. Creo que gracias a todos y gracias a la acción de Dios en mi vida, es que hoy puedo estar nuevamente aquí asumiendo esta responsabilidad sola, sin depender de nadie, nada mas que de Dios, quien más que nunca es mi sostén.
No puedo dejar también de dar gracias a Guille de Jesús, por todos los años que estuvimos juntas, y es también gracias a ella que hoy estoy aquí.
Marina Oromí
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Los primeros pasos |
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Hasta el año 2004, nuestro servicio a la Iglesia diocesana estuvo dado por diferentes acciones:
- Llevar adelante la "Casa de Oración" (casa diocesana de encuentros y retiros espirituales) que recibe a unas 1600 personas por año (un muy buen número para esta zona poco poblada).
- Ser miembros de la Junta Catequística Diocesana: donde trabajamos sobre todo para la formación de los catequistas dando encuentros, retiros, y algunas materias del Seminario Catequístico Diocesano. También preparamos material que se adapte más a las necesidades y nivel de nuestra región.
- Ser animadoras de comunidad en nuestro barrio, en la Capilla "Nuestra Señora de la Merced".
- Evangelizar a través de la radio del obispado "Radio Solidaridad" haciendo un programa de catequesis y otro sobre actitudes y valores.
- Trabajar con niños discapacitados: visita al Hogar de San Vicente de niños discapacitados y catequesis en la Escuela Especial "Santa Margarita".
- Formar un grupo de prevención de la violencia familiar, trabajando mediante charlas y encuentros con las escuelas locales.
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